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Lunes, 20 de Abril de 2026

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Cotizaciones

El optimismo prevalece ante la publicación de los resultados empresariales del primer trimestre de 2026

Más allá del entorno geopolítico, y tras un sólido cuarto trimestre de 2025, la atención se centrará ahora en la publicación de los resultados empresariales del primer trimestre de 2026, que acaba de comenzar con el sector bancario estadounidense.

El optimismo prevalece ante la publicación de los resultados empresariales del primer trimestre de 2026

· Mantenemos nuestra preferencia por la renta variable en nuestras carteras. Seguimos considerando que su contribución positiva al rendimiento será mayor que la de la renta fija en los próximos meses, especialmente debido a su sensibilidad al repunte de la inflación.

· Para este año, el consenso sigue anticipando un crecimiento del 16% en Estados Unidos y del 11% en Europa.

· La economía mundial parece comenzar a desacelerarse, aunque la presión inflacionista no muestra señales de remitir.

Dado que el conflicto en Irán y el repunte del precio del petróleo se produjeron hacia el final del trimestre, el mercado espera un impacto limitado en la dinámica de beneficios. No obstante, las previsiones y comentarios de las compañías serán, por supuesto, determinantes, dada la escasa visibilidad sobre el desenlace del conflicto en esta fase.

En este momento, el consenso prevé un crecimiento del beneficio por acción (BPA) del 14,1% para el S&P 500 en el primer trimestre, que podría superar el 17% si se tiene en cuenta la sorpresa media histórica de resultados, en torno al 3%. Esto representaría el mayor crecimiento interanual del BPA en Estados Unidos en cuatro años. Se espera que el sector tecnológico en su conjunto vuelva a superar al mercado, con un crecimiento del beneficio por acción (BPA) del 30,4%. El S&P 500 excluyendo tecnología, por su parte, registraría un crecimiento del BPA cercano al 5,1%, por encima del 3,2% observado en el trimestre anterior.

En Europa, el consenso prevé un crecimiento del 3% en el primer trimestre, tras el 4% registrado en el cuarto trimestre de 2025, impulsado por los sectores energético y financiero. Excluyendo estos dos sectores, se espera que el BPA caiga un 3%, en línea con el descenso observado en el trimestre anterior. Desde el inicio del conflicto, las expectativas de BPA para el índice Euro Stoxx 600 en el primer y segundo trimestre se han revisado al alza en un 2% y un 7%, respectivamente, impulsadas en gran medida por el sector energético en un contexto de precios del petróleo cercanos a los 100 dólares por barril en las últimas semanas. Se espera que el BPA de los sectores cíclicos vuelva a terreno positivo por primera vez en un año, en línea con las sorpresas macroeconómicas positivas registradas en Europa durante el primer trimestre.

Para 2026, el consenso sigue anticipando un crecimiento del 16% en Estados Unidos y del 11% en Europa. Cabe señalar que el mercado está descontando un fuerte repunte de los beneficios del sector automovilístico europeo, algo que parece cada vez menos probable. Excluyendo el sector del automóvil, se espera que el BPA del Stoxx 600 crezca entre un 6% y un 7% en 2026. El riesgo de decepción es, por tanto, significativo, dada la elevada expectativa existente a ambos lados del Atlántico.

Las valoraciones han vuelto a su promedio histórico en un contexto de ligera desaceleración del crecimiento económico

En las últimas semanas, las valoraciones han vuelto a resultar atractivas, especialmente en Estados Unidos. De hecho, aunque la magnitud de la caída del mercado en marzo fue la mitad de la registrada en abril de 2025 (cuando se anunciaron los aranceles), la relación precio beneficio (PER) de las acciones cayó tanto como en aquel periodo, es decir, cerca de un 19% en Estados Unidos. Esto se debió principalmente a que el BPA siguió aumentando y a las numerosas compras oportunistas de inversores que apuestan por una resolución del conflicto a medio plazo.

La economía mundial, no obstante, parece comenzar a desacelerarse, aunque la presión inflacionista no muestra señales de remitir. Los precios al consumo de marzo de 2026 registraron un aumento anualizado del 3,3%, mientras que los precios de la gasolina subieron más de un 20% en Estados Unidos y explican más de tres cuartas partes del repunte de la inflación. Esto se refleja en las encuestas de opinión, con la confianza del consumidor estadounidense en su nivel más bajo de la historia reciente, y con los ingresos y el gasto de los hogares por debajo de lo esperado en febrero. La inflación subyacente (excluyendo energía y materias primas), que se situó en el 3% en febrero en Estados Unidos, se ha visto relativamente poco afectada por este shock, con un avance mensual del 0,2% y un incremento interanual del 2,6%, ligeramente por debajo de lo previsto. Ya han pasado cinco años desde la última vez que esta medida —estrechamente vigilada por la Reserva Federal— volvió al 2%, el objetivo oficial de la institución.

En estos tiempos de elevada volatilidad e incertidumbre, es importante recordar que ninguna cartera, por robusta que sea, puede proteger por completo a un inversor de caídas bruscas y generalizadas del mercado. En cambio, no aprovechar plenamente los repuntes del mercado supone un lastre real para la rentabilidad a largo plazo, como quedó claramente ilustrado el 8 de abril.

Por ejemplo, un inversor que permaneció invertido de forma continua en el S&P 500 durante 30 años obtuvo una rentabilidad (excluyendo dividendos) más del doble de la que habría conseguido si se hubiera perdido únicamente los 10 mejores días de ese mismo periodo. En la mayoría de los casos, estos “mejores días” de rendimiento se producen inmediatamente después de los peores. Así, ceder al pánico resulta más costoso que posicionarse para capturar plenamente los rebotes mientras se soporta la volatilidad.

Cada año abundan las razones para querer reducir la exposición a la renta variable; sin embargo, los verdaderos desplomes son muy difíciles de predecir. Es más sencillo mantener una perspectiva de largo plazo y reposicionarse con rapidez para aprovechar los repuntes, siempre que mantengamos a raya nuestros sesgos cognitivos y resistamos la tentación de reducir la exposición a renta variable en cada nueva crisis de mercado.

En esta fase, por tanto, mantenemos nuestra preferencia por la renta variable en nuestras carteras. Seguimos considerando que su contribución positiva al rendimiento será mayor que la de la renta fija en los próximos meses, especialmente debido a su sensibilidad al repunte de la inflación.


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