El cierre del mes de mayo y comienzos de junio, ha dejado nuevos máximos históricos para los sectores relacionados con la tecnología, al tiempo que las primeras señales de alarma.

Cuando un sector sube con tanta fuerza como los semiconductores en los últimos meses, tanto los informes de análisis técnico, como los de análisis fundamental, empiezan a mostrar serias dudas sobre la sostenibilidad de los precios alcanzados. En principio todo apunta a que estamos ya en la fase que se suele llamar de consolidación y la de realización de beneficios.
La primera señal de alerta se ha producido en la jornada de ayer jueves, cuando en EEUU la empresa de semiconductores Broadcom no cumplió con las expectativas que el mercado estaba esperando para sus previsiones. El nivel de exigencia que los inversores están aplicando a estas compañías es cada vez más alto, por las valoraciones tan altas que están adquiriendo, de ahí que la decepción en los resultados o previsiones, puede seguir aumentando en los próximos meses.
La primera ha sido Broadcom y el mercado ha reaccionado de inmediato con caídas en su cotización, al tiempo que ha arrastrado al resto del sector, lo que ha provocado caídas importantes en los índices asiáticos en la sesión del viernes, para cerrar esta primera semana de junio.
Por otro lado, el punto muerto en el que han entrado las negociaciones entre Irán y EEUU, tienen también a los inversores en vilo, porque el mercado está descontando una resolución del asunto desde hace semanas, pero la realidad es bastante distinta. Si los inversores empiezan a decepcionarse y los informes de los analistas vuelven a pesimismo sobre el impacto del cierre del estrecho de Ormuz en la economía mundial, los recortes en las bolsas están más que garantizados, sobre todo en los sectores que más han subido.
Desde Anthropic, uno de los jugadores principales en el desarrollo de la inteligencia artificial, ha propuesto la creación de un mecanismo global para pausar o ralentizar el desarrollo de la inteligencia artificial, para que la sociedad pueda abordar con calma las implicaciones tan enormes que va a conllevar.
Si este tipo de iniciativas tienen éxito, significaría que las expectativas de beneficios de muchas empresas deberían ser revisadas y con ello sus actuales valoraciones.
La OPV de la empresa SpaceX está revolucionando a los inversores particulares, al tiempo que despierta el recelo de muchos analistas por la valoración a la que va a salir a bolsa y que no les convence al suponer nada menos que 109 veces los ingresos anuales, que a todas luces cifras aparentemente desorbitadas.
Quienes no muestran ningún recelo son los bancos colocadores, que están viendo hacer su agosto y que ya han puesto a sus equipos comerciales a vender la salida a bolsa a todo tipo de inversores, dado que se estima que pueden llegar a ganar hasta 15 millones de euros con la colocación. Una vez más, le toca al inversor particular mirar por sus intereses, que claramente no estarán alineados con los bancos colocadores ni con la empresa que sale a bolsa.
María Jesús Soto
Directora El Inversor Inquieto