La Copa Mundial de fútbol 2026 es la mayor de la historia. Por primera vez han competido 48 selecciones, frente a las 32 anteriores, y está coorganizada por tres países: Estados Unidos, Canadá y México. Este formato ampliado crea más plazas de clasificación, especialmente para las regiones que han estado históricamente infrarrepresentadas, e introduce vías adicionales de acceso al torneo.

Los mercados internacionales de capital han seguido una trayectoria similar. El índice MSCI Emerging Markets incluye ahora a 24 países, frente a los 10 que lo componían en el momento de su lanzamiento, y su participación en la capitalización de mercado a escala mundial se ha duplicado desde el año 2000. El mercado de renta fija también se ha ampliado. Los mercados de deuda emergente denominada en divisa local han crecido de manera significativa en los últimos diez años, y la emisión de deuda pública en dólares en los mercados emergentes también ha aumentado de forma notable, con nuevos emisores que se han sumado a los emisores tradicionales.
Un mayor acceso no equivale a un acceso equitativo, ni en el fútbol ni en los mercados
En la Copa Mundial de fútbol, el camino hacia la clasificación varía enormemente según la confederación. Las selecciones con peor clasificación deben empezar en rondas preliminares y disputar muchos más partidos solo para llegar a la fase en la que comienzan las selecciones más consolidadas.
En los mercados, el paralelismo se mantiene. Muchas economías emergentes que emiten deuda en dólares lo hacen a un coste notablemente superior al de los mercados desarrollados, con menor liquidez y mayor dependencia de los flujos de inversión extranjera. Los mercados de deuda denominada en divisa local han ganado en profundidad, pero siguen enfrentándose a limitaciones operativas y de transparencia que restringen la participación.
Esta asimetría va más allá de los precios. Muchas economías emergentes presentan hoy fundamentales más sólidos que los mercados desarrollados: un mayor ritmo de crecimiento, unas ratios de deuda-PIB más bajos y una población activa más joven. Y, sin embargo, siguen afrontando una penalización estructural en el trato que reciben de los mercados internacionales. La renta variable emergente sigue cotizando con un descuento significativo con respecto al mercado estadounidense sobre la base de los beneficios esperados, lo que representa una de las mayores brechas de valoración de los últimos veinte años, mientras que la calidad del crédito corporativo de mercados emergentes ha ido aumentando de forma constante.
La situación es diferente en lo que respecta a la flexibilidad política. Durante la pandemia, los gobiernos de los mercados desarrollados recortaron sus tipos de interés hasta situarlos en un nivel cercano al cero, pusieron en marcha programas de compra de activos a gran escala y aplicaron importantes medidas de estímulo fiscal. Muchas economías emergentes se enfrentaron a una crisis de envergadura similar, pero no pudieron responder en la misma medida. La fragilidad de las divisas, el riesgo de inflación y la dependencia de la financiación externa hicieron que los recortes de tipos fueran más moderados, el estímulo fiscal más limitado y la recuperación más lenta y desigual.
La buena noticia es que muchas economías emergentes llevan diez años reforzando sus cimientos. La credibilidad de sus bancos centrales ha mejorado, la flexibilidad de sus tipos de cambio ha aumentado y sus mercados de deuda denominada en divisa local han ganado en profundidad. Todos estos factores han ayudado a que el impacto del reciente ciclo de endurecimiento monetario de la Reserva Federal estadounidense haya sido muy inferior al que solía tener en el pasado.
No obstante, el terreno de juego sigue siendo desigual, y el coste de un error político sigue siendo mayor en una economía emergente que en una desarrollada.
Las viejas etiquetas ya no tienen tanto sentido
Es posible que Argentina, Brasil y Méjico sean economías de mercados emergentes, pero, en términos de fútbol, tienen muy poco de emergentes. Por el contrario, algunas de las naciones más ricas del mundo rara vez han tenido opciones reales de ganar un Mundial de fútbol. Italia es un ejemplo revelador: cuatro veces campeona del mundo, la segunda selección en la clasificación histórica, y, sin embargo, la italiana se pierde este año el Mundial por tercera vez consecutiva, algo que no había ocurrido con ninguna otra selección campeona. Su eliminación tuvo lugar en la tanda de penaltis en el partido contra Bosnia y Herzegovina, un país que participa por segunda vez en un Mundial y sin apenas presencia en los mercados internacionales de capital.
Y lo mismo ocurre con la economía. Se prevé que la economía india crezca este año a un ritmo varias veces superior al de Alemania o el Reino Unido. Las economías emergentes y en vías de desarrollo representan ya casi la mitad del PIB mundial, cuando a principios de siglo su representación estaba en torno al 25%, y han contribuido a la mayor parte del crecimiento que ha registrado la economía mundial en los últimos veinte años. La etiqueta de «emergente» dice muy poco sobre la solidez subyacente de una economía, o sobre la calidad de la oportunidad de inversión.
¿Qué distingue a los mejores equipos? ¿Y a las mejores inversiones?
En fútbol, el éxito sostenido radica en la infraestructura: sistemas de formación de jugadores, ligas nacionales competitivas y una amplia cantera de entrenadores que permitan al sistema funcionar más allá de estrellas individuales.
En el mundo de la inversión, los factores diferenciadores tienen una estructura similar. A nivel soberano, lo más importante es contar con unas instituciones creíbles, unos marcos políticos sólidos, unos niveles de deuda sostenibles y unos modelos de crecimiento que resulten adecuados para el entorno actual. Las economías que han invertido en calidad institucional, capital humano y disciplina fiscal están en una situación muy diferente en términos de fundamentales a las que no lo han hecho.
Los países que han consolidado sus mercados nacionales de capitales, creando bases de inversores a través de fondos de pensiones, aseguradoras y fondos soberanos, han reducido su dependencia de los flujos externos y están mejor posicionados para hacer frente a un contexto de inestabilidad de la economía mundial.
La misma lógica se aplica a las empresas. Una compañía bien gestionada en un mercado emergente, con una clara posición competitiva, una asignación disciplinada de capital y exposición al crecimiento estructural puede ofrecer un perfil de riesgo-rentabilidad más atractivo que una compañía más conocida que se encuentre en un mercado desarrollado de crecimiento más lento.
Las prácticas de gobierno corporativo han mejorado de manera notable en los mercados emergentes en los últimos diez años, y la calidad del crédito corporativo emergente ha ido aumentando de forma constante desde la pandemia. Por el contrario, una compañía dominante que está sufriendo el deterioro de sus ventajas competitivas, ya sea por un contexto de inestabilidad, por cambios normativos o por una asignación inadecuada del capital, puede seguir pareciendo sólida según los principales indicadores mucho después de que sus fundamentales hayan comenzado a cambiar.
La disciplina no consiste únicamente en identificar la solidez pasada de una compañía, sino también en preguntarse si se mantienen las condiciones que favorecieron dicha solidez.
Conclusiones para los inversores
1.Los éxitos pasados no predicen resultados futuros
Como hemos comentado, Italia ha ganado cuatro veces el Mundial de fútbol, pero ya se ha perdido tres torneos consecutivos. Su declive no ha sido repentino, sino el reflejo de años de inversión insuficiente en infraestructura, desarrollo de jugadores y renovación institucional, enmascarados por una reputación que ha tardado más en deteriorarse que los cimientos que la sostenían.
Las economías y las empresas siguen patrones similares. La sólida calificación crediticia de un emisor soberano puede coexistir con un deterioro fiscal gradual durante años antes de que los mercados lo reflejen. Una compañía con una posición de mercado dominante puede sufrir el deterioro de sus ventajas competitivas mucho antes de que dicho deterioro se refleje en sus cifras de beneficios. Los mercados han penalizado en repetidas ocasiones a aquellos inversores que confundieron una posición histórica de dominio con una garantía de éxito futuro.
2.Un terreno de juego más amplio castiga el exceso de confianza
Con un mayor número de equipos y más vías de clasificación, la competencia llega desde más frentes. El universo de inversión a escala mundial se ha ampliado: hay más economías, más emisores, más mercados a los que acceder. Pero la mayor participación no se traducido en unos resultados más uniformes. La disparidad de resultados en las distintas economías sigue siendo amplia, y también ha aumentado la diferencia entre las compañías más sólidas y las más débiles dentro de un mismo sector o región.
En este contexto, una exposición amplia al conjunto del mercado puede tener un coste oculto. En renta variable, la inversión basada en índices implica cada vez más mantener exposición a compañías y mercados donde el crecimiento de los beneficios está perdiendo impulso, junto a un grupo más reducido que sí está mejor posicionado. En renta fija, la inversión en todo el universo implica financiar a emisores corporativos y soberanos con trayectorias de crédito muy diferentes entre sí.
3.Diversificar significa entender cómo funcionan las economías y las compañías, no fijarse en dónde están situadas
Una cartera puede invertir en varias regiones y, aun así, estar expuesta a los mismos riesgos subyacentes: sensibilidad a las condiciones de financiación del dólar, exposición al ciclo de precios de una única materia prima o dependencia de la demanda mundial de productos manufacturados. Lo mismo ocurre con las empresas: dos bancos situados en países diferentes pueden tener balances aparentemente similares, pero enfrentarse a contextos normativos, cambiarios y crediticios completamente distintos.
La perspectiva más útil consiste en analizar el perfil económico y empresarial: qué es lo que impulsa el crecimiento, cómo se gestionan las políticas, cuáles las vulnerabilidades externas y cómo una economía o empresa está conectada con los flujos globales de capital.
Una economía del Sudeste Asiático con base industrial puede tener más en común con Méjico que con un país vecino que sea exportador de materias primas. Una compañía bien gestionada de un mercado frontera puede ofrecer una generación de rentas más atractiva ajustada al riesgo que una empresa de menor rendimiento en una economía desarrollada de menor crecimiento. La diversificación basada en estos factores es más sólida que la diversificación meramente geográfica.