La visita de Trump a Pekín tiene como objetivo reajustar las relaciones entre EE. UU. y China, pero los cambios tangibles podrían ser modestos

El control que ejerce China sobre los minerales críticos le da una baza importante, lo que debería ayudar a mantener el actual y delicado equilibrio, pero quienes esperen una reducción significativa de los aranceles, una aclaración sobre la relación comercial o una declaración conjunta sobre el conflicto de Oriente Medio podrían llevarse una decepción.
El fentanilo sigue siendo fundamental en la crisis de los opiáceos en EE. UU. —responsable de la mayoría de las muertes por sobredosis—, pero es posible que el presidente Trump revierta algunos de los aranceles sobre el fentanilo promulgados anteriormente. Esto se debe en parte a la necesidad de reducir las tensiones entre EE. UU. y China —y a un reconocimiento tácito de que China ha endurecido los controles sobre las exportaciones de precursores—, y también al hecho de que se encuentran en terreno inestable tras la anulación de la IEEPA por parte del Tribunal Supremo de EE. UU.
No obstante, China todavía podría salir relativamente perdiendo; será más fácil utilizar la legislación vigente (Secciones 232 y 301) contra China —donde existen motivos de queja más legítimos— que volver a levantar el muro arancelario contra otros socios comerciales, por ejemplo.
La política estadounidense sobre el acceso a la tecnología avanzada será un ámbito clave a tener en cuenta.
Es posible que el Congreso quiera aplicar una línea dura en lo que respecta a la restricción del acceso a semiconductores avanzados, pero no descartaríamos una modesta flexibilización como parte de un acuerdo transaccional. Es probable que se produzcan declaraciones de alto nivel que prometan comprar más productos estadounidenses, aunque los detalles sean escasos.
La competencia estratégica en torno a la inteligencia artificial general —y la convicción de la Administración Trump de que una regulación mínima es el mejor enfoque para apoyar a las empresas estadounidenses— sugiere que se acordará poco sobre la necesidad de establecer medidas de protección oficiales en materia de IA.
El conflicto de Oriente Medio se debatirá a puerta cerrada —y es probable que EE. UU. pida a China que presione a Irán—, pero es poco probable que se haga público un comunicado conjunto que diga algo concreto.
En general, aunque los mercados acogerán con agrado las declaraciones positivas de ambas partes como indicio de que se mantendrá el statu quo, la dinámica subyacente sigue apuntando a que ambas partes se distanciarán aún más a largo plazo.