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Miércoles, 21 de Enero de 2026

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Primeras lecturas de las gestoras internacionales tras los aranceles de Trump por Groenlandia

La escalada arancelaria impulsada por el presidente Donald Trump ha vuelto a colocar a la geopolítica en el centro del análisis macro y de mercados. Esta vez, el detonante no es solo económico, sino territorial: Groenlandia.

Primeras lecturas de las gestoras internacionales tras los aranceles de Trump por Groenlandia

El anuncio de nuevos gravámenes a varios países europeos, vinculados explícitamente a la negativa a aceptar el plan estadounidense para adquirir la isla, ha encendido las alarmas entre las gestoras internacionales, que advierten de un aumento del riesgo de fragmentación comercial, presión inflacionista y un reordenamiento estratégico en Europa.

Desde las casas de inversión coinciden en que el uso del comercio como herramienta de presión política supone un cambio cualitativo. “Al hacer que la imposición de nuevos aranceles dependa de la aceptación por parte de Europa de su plan para adquirir Groenlandia, Donald Trump da un paso más en el uso del comercio como instrumento de presión geopolítica”, resume Michaël Nizard, responsable de multiactivos y overlay en Edmond de Rothschild AM.

El equipo de macroeconomía de Pictet AM subraya que Trump ha anunciado una subida arancelaria del 10% a partir del 1 de febrero sobre las importaciones de varios países europeos, con la amenaza de elevarlos si no se alcanza un acuerdo. Dado que la Unión Europea es una unión aduanera, el impacto se extendería al conjunto del bloque, elevando el arancel medio ponderado hasta el 25% y, potencialmente, hasta el 40% en junio. Según sus estimaciones, el efecto podría restar hasta un 0,2% al PIB europeo y añadir más de 0,2% a la inflación estadounidense.

Más allá de la retórica, Nizard advierte de que las alianzas tradicionales están dejando de ser marcos estables para convertirse en relaciones de poder sujetas a renegociación. Groenlandia, por su posición estratégica en el Ártico, la apertura de rutas polares y el acceso a recursos críticos, se convierte así en “un activo de seguridad global que justifica ejercer la máxima presión sobre los aliados”.

Impacto macro limitado, pero amenaza política e institucional creciente

Desde Lombard Odier coinciden en que el efecto directo sería contenido. Las economías afectadas representan en torno al 10% de las importaciones estadounidenses de bienes y, tras las exenciones habituales, el aumento de la tasa arancelaria efectiva en EE.UU. sería de entre 0,5 y 1,5 puntos porcentuales. "El impacto económico sería modesto", señalan, subrayando que su escenario base sigue siendo que las medidas no lleguen a aplicarse o lo hagan solo de forma temporal.

Sin embargo, el verdadero riesgo no reside tanto en las cifras como en las implicaciones políticas. Desde Lombard Odier advierten de que “el coste político de una escalada podría ser mucho mayor que el impacto directo de los aranceles”, especialmente en un contexto en el que Europa dispone ahora de más incentivos para responder que en episodios anteriores. La cercanía de las elecciones de medio mandato en EE.UU. y el amplio respaldo político a la defensa de la soberanía danesa refuerzan la credibilidad de una represalia europea.

En esta línea, desde Columbia Threadneedle Investments elevan el foco del análisis al plano institucional. Para Anthony Willis, economista senior, el elemento clave es que EE.UU. esté dispuesto a ejercer una presión económica explícita sobre aliados políticos y militares. “Las cifras no son especialmente dramáticas desde el punto de vista económico, pero lo más relevante es el mensaje que se envía”, advierte.

Willis recuerda además que la legalidad de los anuncios sigue siendo incierta y que, por ahora, no se trata de órdenes ejecutivas, sino de mensajes difundidos en redes sociales, un factor que explica en parte la reacción contenida de los mercados. No obstante, alerta de que la estrategia europea de apaciguamiento aplicada en 2025 podría estar llegando a su fin. “Estamos viendo grietas cada vez más claras en la alianza transatlántica, y eso introduce un nivel adicional de incertidumbre para Europa y para los mercados financieros”, concluye.

Riesgo de escalada y respuesta europea

Más allá del impacto inicial, Christian Schulz, economista jefe de Allianz Global Investors, advierte de que vincular los aranceles a una disputa diplomática eleva el riesgo de una escalada rápida. “EE.UU. podría haber convertido una disputa diplomática en una amenaza económica tangible”, señala, alertando de que una respuesta europea podría transformar el conflicto en una guerra comercial de alcance global, con un shock estanflacionario que afectaría simultáneamente a crecimiento e inflación.

En este contexto, Anna Rosenberg, directora de Geopolítica del Amundi Investment Institute, recuerda que el uso de aranceles como herramienta de presión encaja con una estrategia que el mercado ya anticipaba para este año, pero subraya que persisten importantes incertidumbres sobre su aplicación, tanto por la falta de claridad sobre el marco legal —a la espera de una decisión del Tribunal Supremo de EE.UU. sobre los poderes arancelarios bajo la IEEPA— como por la dificultad de imponer gravámenes país por país en un mercado único como la UE, un escenario que además podría poner en riesgo el acuerdo comercial transatlántico y elevar el coste para los consumidores estadounidenses.

En este mismo bloque, desde Mediolanum International Funds, Daniel Loughney, director de renta fija, interpreta el episodio de Groenlandia como parte de una estrategia más amplia, aún por definir, que podría buscar tanto presionar a la OTAN en materia de gasto en defensa como tensionar el actual orden internacional, y advierten de que un escenario sin marcha atrás en los aranceles reforzaría la huida hacia activos de mayor calidad.

Desde Pictet AM recuerdan que en Bruselas ya se barajan represalias por valor de hasta 93.000 millones de euros, así como posibles restricciones al acceso al mercado único para empresas estadounidenses. Emmanuel Macron ha llegado a plantear la activación del instrumento europeo anti-coerción, aprobado en 2023, aunque su aplicación requeriría una compleja mayoría cualificada y sigue generando divisiones internas entre los Estados miembros.

En este contexto, varias casas coinciden en que el comportamiento de los mercados será un factor clave para contener o amplificar la escalada. Schulz concluye que, si los inversores anticipan una capitulación europea, el daño económico podría ser limitado; pero una reacción negativa de los mercados elevaría rápidamente el coste político de la confrontación para EE.UU.

Mercados: más tolerancia, pero no indiferencia

En los mercados financieros, la reacción inicial ha sido contenida, aunque no indiferente. David Kohl, economista jefe de Julius Baer, considera que el conflicto “se ha convertido en una prueba clave para la resiliencia económica y del mercado”. A su juicio, la disputa está “tensando las relaciones comerciales, ensombreciendo las perspectivas de exportación y desestabilizando los mercados, pese a la creciente tolerancia al riesgo geopolítico”. Desde Flossbach Von Storch, Philipp Vorndran, estratega de mercados, explica que lo que inquieta a los inversores no es tanto el nivel de los aranceles como la imprevisibilidad y arbitrariedad de las decisiones que se toman desde la Casa Blanca, un factor que dificulta la planificación empresarial y aumenta el riesgo de correcciones bursátiles. En este contexto, Vorndran indica que los mayores perjudicados serían los valores con valoraciones más exigentes, como algunos ligados a la IA, así como las empresas más expuestas a los aranceles, especialmente las exportaciones alemanas.

Mathieu Racheter, responsable de estrategia de renta variable en Julius Baer, apunta que las bolsas europeas, en particular los exportadores y sectores más expuestos al comercio, han sufrido presión a corto plazo. Sin embargo, descarta un desplome similar al vivido tras el Día de la Liberación. “Varias restricciones políticas, legales y de posicionamiento hacen poco probable una repetición de la fuerte corrección del año pasado”, explica. Jack Janasiewicz, gestor de fondos en Natixis IM Solutions, respalda su argumento e indica que se está observando una reacción inicial menos severa y con ramificaciones a largo plazo previsiblemente limitadas, al tratarse, en su opinión, de una respuesta instintiva a los titulares más que de un cambio estructural en los mercados. A largo plazo, este episodio refuerza, en su opinión, “el argumento a favor de una diversificación gradual desde EE.UU. hacia Europa y otros mercados internacionales”, señala Racheter.

Uno de los efectos más visibles ha sido el repunte del sector defensa en Europa y de los valores refugio. Desde Lombard Odier y UBP coinciden en señalar que las primas de riesgo geopolítico han aumentado, con el oro liderando las subidas ante el aumento de la incertidumbre y el auge del nacionalismo de los recursos. El índice Stoxx Europe Aerospace & Defence ha subido cerca de un 15% en pocas semanas, impulsado por la expectativa de un mayor gasto militar en un contexto de mayor fragmentación de la OTAN y de un aliado estadounidense percibido como menos predecible. Para Nizard, este movimiento refleja una toma de conciencia más profunda: “La defensa, que hasta hace poco era marginal en las carteras, se impone como un barómetro de soberanía”.

Desde varias gestoras insisten en que, más allá de Groenlandia, el episodio confirma una tendencia estructural: el comercio deja de ser un ancla de estabilidad para convertirse en un instrumento político. En este contexto, la diversificación temática y geográfica vuelve a ganar peso en las estrategias de inversión, especialmente en un entorno en el que la inestabilidad es “más institucional que económica”, pero suficiente para alterar el equilibrio global.


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